Esto puede deberse a la po-ca cohesión que existe en-tre los estudiantes y, por lo mismo, como si fuera un círculo vicioso hay poca participación en las instan-cias actuales. Esta falta de organicidad del movimiento estudiantil es justamente lo que le pone graves limita-ciones a su práctica, dejándolo como algo intrascendente, inmediatista y “espontáneo”.
Ante este escenario se hace importante la organización local de los estudiantes, que mediante un trabajo continuo y coherente podr-ía responder de forma ade-cuada a las coyunturas tan-to locales como nacionales.
Respecto a la mesa Con-fech-Mineduc, se impuso una discusión en la facultad con formas y demandas que no respondían a lo lo-cal. Los puntos o deman-das no se levantaron desde las bases ni respondían a un trabajo en conjunto a ellas. Además las reformas o problemas que se plan-teaban solucionar estaban en la agenda del gobierno, que le eran afines a sus intereses. El proceso vivido en la facultad se caracterizó por una “anticipación tácti-ca”, se generó una planifi-cación de tiempos, discu-siones y movilizaciones. Sin embargo con seguir estas lógicas se produjo una coyuntura ficticia, la cual no se condecía con los tiempos de los distintos es-pacios, esto se reflejó en una baja participación de los estudiantes en las asambleas y marchas. Co-mo balance general, la me-sa no sirvió y no cumplió tampoco con los objetivos que justificaron su existencia. Se identifica también que hubo un problema de conducción desde la Fech. Todo esto, sumado a la baja participación, ocasionó que se dispersaran las fuerzas, produciéndose un repliegue no productivo del movi-miento estudiantil este año. La ausencia de grandes despliegues este año tam-poco permitió una acumula-ción.
Siguiendo una lógica parecida, -y por tanto con los mismos problemas- en el contexto del congreso na-cional de educación, se in-tentaron posicionar temas que resultaron ser no apro-piados para el momento que vivían las carreras. Y que se plantearon a nivel de universidad de forma apre-surada y sin potenciarse con fuerza la generación de discusiones de base y participativas.
Al igual que todos los años, también aparecen deman-das sobre los aranceles, las cuales a pesar de no ser rupturistas en sí, logran tensionar al sistema a largo plazo. Por lo que se hace importante saber reconocer las cosas más concretas y así no quedarnos en la “paja teórica”.
Los compañeros de primer año no se vieron identifica-dos con los problemas planteados, los espacios de participación se van que-dando vacíos. Si existieran más instancias y posibilida-des para entender los pro-blemas a fondo, es decir, con formas reflexivas, existen más posibilidades que las personas o nuestros compañeros se involucren con los procesos organiza-tivos o de movilización que se impulsen. Otro problema fue la inexistencia de una priorización adecuada de temas, al contrario, se tira-ron un gran número de pro-blemáticas y posibles con-flictos a las asambleas, sa turando e inmovilizando es-tos espacios. Las demandas aparecían también des-contextualizadas de la reali-dad de los compañeros.
Frente a esto se plantea que el fenómeno causado por este funcionamiento es una “desesperanza apre-hendida” que las generacio-nes viejas les traspasan a las nuevas, en este sentido, no hay una acumulación de experiencias por parte del movimiento estudiantil, si-no que todo lo contrario: las experiencias que son traspasadas son experiencias negativas que truncan los posibles nuevos proce-sos. Un ejemplo de esto fueron los paros y marchas a principio de año, la facul-tad votaba paro (cursos grandes) y los únicos que iban a marchar son los me-chones.
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